lunes, 19 de octubre de 2015

Ya era tarde

Llegué tarde. Iba a recogerla en las estación de Sants y tuvo que esperarme sentada con sus maletas un cuarto de hora. Me dio mucha vergüenza. No era la primera vez que íbamos a vernos después de chatear tanto en la distancia, pero lo parecía. Los dos sabíamos que todo sería distinto esta vez.
Recuerdo su mirada ardiente, el abrazo cálido que me dio nada más verme, su sonrisa estallando de alegría de oreja a oreja mostrándome sus dientes que tan acomplejada la tenían. Seguía avergonzado pero me sentía bien estando a su lado, no había nada que temer.

Le dí la mano y recogí una de sus maletas. Ella se quedó con una pequeña mochila que cargaba en su hombro con todos sus cacharros de fotografía que tan feliz la hacían. Sólo iba a estar en Barcelona durante dos días porque tenía que volver a Toledo por temas de trabajo. Quería exprimirla a besos, hacerla mía y sólo mía hasta el último segundo de su estancia.

Fuimos directos al hotel, a las afueras de la ciudad, para que pudiese darse una ducha. Ojalá hubiese entrado yo con con ella... Al salir me preguntó que si mañana podría enseñarle Barna y me dijo que me invitaría a comer para recompensarme por el esfuerzo. No pude decir que no a una oferta tan buena. Conocía pequeños rincones de la ciudad que le hubiesen gustado mucho.

Recuerdo... -me empieza a faltar el aire- recuerdo que cuando por fin nos vestimos era ya de noche, había una luna llena que empezaba a subir y se reflejaba en su pupila cada vez que ella la miraba y me abrazaba. Resaltaba así sus potentes ojos marrones. Anduvimos media hora hasta llegar a un pequeño pub donde yo solía acudir con mis amigos. Nos tomamos una copa, reímos, se unieron unos cuantos amigos míos a la conversación, ella estaba feliz...todo iba perfecto. Se aproximó a mi oreja, la acarició y susurró que estaba cansada por el viaje, que debíamos volver al hotel.

Claro...le dije que sí, le pregunté si prefería coger un taxi para no tener que andar tanto a esas horas de la noche hacía el hotel. Me sonrío con tal delicadeza que soy incapaz de describir...era perfecta.

Y fue entonces...un coche invadió el carril por donde circulábamos nosotros y destrozó el taxi. -Empiezo a sollozar como si no hubiese un mañana- Perdí la conciencia unos segundos, tal vez minutos. Cuando volví en mí, la abracé. Estaba fría, ensangrentada...no puedo sacarme esa imagen de la cabeza. Los latidos que empezaban a acelerarse en aquel pub, habían desaparecido por completo. Ella se había ido.
Toda mi vida acabó en ese mismo instante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario