Llegué
tarde. Iba a recogerla en las estación de Sants y tuvo que esperarme
sentada con sus maletas un cuarto de hora. Me dio mucha vergüenza.
No era la primera vez que íbamos a vernos después de chatear tanto
en la distancia, pero lo parecía. Los dos sabíamos que todo sería
distinto esta vez.
Recuerdo
su mirada ardiente, el abrazo cálido que me dio nada más verme, su
sonrisa estallando de alegría de oreja a oreja mostrándome sus
dientes que tan acomplejada la tenían. Seguía avergonzado pero me
sentía bien estando a su lado, no había nada que temer.
Le dí
la mano y recogí una de sus maletas. Ella se quedó con una pequeña
mochila que cargaba en su hombro con todos sus cacharros de
fotografía que tan feliz la hacían. Sólo iba a estar en Barcelona
durante dos días porque tenía que volver a Toledo por temas de
trabajo. Quería exprimirla a besos, hacerla mía y sólo mía hasta
el último segundo de su estancia.
Fuimos
directos al hotel, a las afueras de la ciudad, para que pudiese darse
una ducha. Ojalá hubiese entrado yo con con ella... Al salir me
preguntó que si mañana podría enseñarle Barna y me dijo que me
invitaría a comer para recompensarme por el esfuerzo. No pude decir
que no a una oferta tan buena. Conocía pequeños rincones de la
ciudad que le hubiesen gustado mucho.
Recuerdo...
-me empieza a faltar el aire- recuerdo que cuando por fin nos
vestimos era ya de noche, había una luna llena que empezaba a subir
y se reflejaba en su pupila cada vez que ella la miraba y me
abrazaba. Resaltaba así sus potentes ojos marrones. Anduvimos media
hora hasta llegar a un pequeño pub donde yo solía acudir con mis
amigos. Nos tomamos una copa, reímos, se unieron unos cuantos amigos
míos a la conversación, ella estaba feliz...todo iba perfecto. Se
aproximó a mi oreja, la acarició y susurró que estaba cansada por
el viaje, que debíamos volver al hotel.
Claro...le
dije que sí, le pregunté si prefería coger un taxi para no tener
que andar tanto a esas horas de la noche hacía el hotel. Me sonrío
con tal delicadeza que soy incapaz de describir...era perfecta.
Y fue
entonces...un coche invadió el carril por donde circulábamos
nosotros y destrozó el taxi. -Empiezo a sollozar como si no hubiese
un mañana- Perdí la conciencia unos segundos, tal vez minutos.
Cuando volví en mí, la abracé. Estaba fría, ensangrentada...no
puedo sacarme esa imagen de la cabeza. Los latidos que empezaban a
acelerarse en aquel pub, habían desaparecido por completo. Ella se
había ido.
Toda mi
vida acabó en ese mismo instante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario