jueves, 22 de octubre de 2015

Un beso recién hecho y un café

Allí estabas, de pie, recién levantada y despeinada. Ronroneaste al verme mientras venías hacia el sofá. Te sentaste en él y me abrazaste por la cintura, apoyando tu cabeza sobre mi esternón. Vestías un pijama, compuesto por una camiseta vieja y unos leggins naranjas. Yo llevaba puesta tu camisa del día anterior, varias tallas más grande que la mía; tuviste que admitir que me quedaba mejor que a ti. Me besaste sonriendo, y no hablo de un pico como los que se dan las parejas al verse, no, yo pude notar tu calor, tus ansias, tu felicidad y tu delicadez ante mí, como una leve caricia rozando mis labios.
Al cabo de un rato fuiste a la cocina. Ibas dejando
una estela de ese fuerte olor a café recién hecho tras de ti por toda la casa. Normalmente no me gusta el café pero quedaba tan bien contigo...

En ese tranquilo momento no pude evitar cerrar los ojos y soñar despierta... deseaba que hoy fuera viernes; o el día en el que nuestras manos se juntaron por primera vez. Quería ir contigo a pasear esta noche, tomar el limón directamente de entre tus dientes y que la sal fueran tus ojos que curan mis heridas. O seguir en pijama y acurrucarnos en el sofá viendo los últimos episodios de Doctor Who o Big Bang Theory. Que lloviese para poder abrir las ventanas y que entrase el olor a hierba mojada o, ¿por qué no?, salir al balcón a bailar bajo ésta. Cocinar ensuciándonos, abrazándonos por la espalda, y acabar cenando pizza, con mucha cebolla y orégano como a ti te gusta, como si no hubiera un mañana...

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