No sé
cómo ni por qué, siento mi alma abriéndose, inconscientemente y
sin que pueda evitarlo, permitiendo entrar en ella un millar de
pensamientos, recuerdos y risas. Y eso sólo significa que lo echo de
menos. No quiero estos pensamientos en mí aunque no me desagrada
tenerlos. Y sin desearlo me veo sonriendo como una niña pequeña sin
motivo aparente y, de repente, algunas lágrimas brotan de mis ojos
humedeciéndome las mejillas.
Y es
que ya vuelve a ser otoño, un otoño melancólico capaz de
describirte mejor que yo; se puede necesitar una gruesa chaqueta al
salir de casa o puede hacer un calor abrasador; es totalmente
impredecible, como tú, cosa que admiraba.
Maldigo cada metáfora que comparaba contigo, cada bocanada de aire que expulsaba con ilusión para que notases que aún seguía aquí. Y sí, voy a salir a gritar a los cuatro vientos que te extraño.
Sin ti, un día dura tres otoños.

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