Cuando estoy contigo muestras un lado lleno de pequeños
gestos. Solo te arreglo el cuello de la camisa que tienes mal puesto, a
propósito, y mi mirada recae sobre tu dulce sonrisa. Las ganas me pueden y paso
mis brazos alrededor de tu cuello y entonces… tu mirada. Tu mirada agresiva y
dócil a su vez que me envuelve en un estado de locura dejándome llevar por mis
sentimientos
—en ese momento debo de tener una cara
bastante absurda porque no estoy demasiado cuerda ya que me pierdo completamente
en tu mirada, pero tú sigues a mi lado
—.
También sueles abrazarme cuando estas triste. Colocas tu
barbilla en mi hombro y tus labios me rozan el cuello mientras tus brazos me
rodean la cadera y te quedas en silencio durante unos instantes hasta que te
mueves y me besas en la mejilla. Me gusta tu expresión cuando te concentras en tu
trabajo y como duermes profundamente sobre mi regazo. Me enamora hasta la forma
en que dejas las llaves en la mesa evitando hacer ruido para no molestar a
nadie. Sobre todo me gusta como palpas mi espalda por encima de la camisa con
la delicada yema de tus dedos y la forma en que acaricias mi rodilla. Te adoro
cuando te empeñas en leerme una poesía de alguno de tus escritores favoritos a
altas horas de la noche o me explicas con muchas ansias todo lo que has hecho
ese día. Adoro eso porque me gusta escucharte y porque cuando me lo explicas
muestras conmigo una gran sinceridad y confianza.
A veces, cantas desafinando sin que te des cuenta de que yo
estoy allí, escuchándote, y cuando me ves, te sonrojas y rápidamente me animas
a cantar para perder la vergüenza. Lo mejor, es que cuando te sorprendo por
detrás y te agarro de la cintura suavemente, tú acomodas tu mano sobre la mía
mientras mueves el pulgar hacia arriba y hacia abajo, muy lentamente, y acabas
entrelazando tus dedos con los míos.
Después, cuando, aun estando juntas no te puedo tocar, me
sonríes a distancia demostrándome que somos perfectamente perfectibles y que
algún día llegaremos a ser perfectamente perfectas.
—Y es que toda tú estás echa de pequeños
detalles que me enamoran—.