Tiendo a olvidar que te dije adiós, un adiós erróneo que tú aceptaste como rotundo. Sigo pensando en un futuro donde sea lea un 'nosotros', con nuestras peleas, con tus sonrisas y mis mariposas, con nuestras caricias... Con todas esas palabras dulces que al final se quedaron desconsoladas y afligidas en el aire sin encontrar destinatario.
Por las mañanas, mi almohada suele estar húmeda de las lágrimas por culpa del insomnio que tengo al recordar: si cierro los ojos, te imagino a mi lado, como en un principio, sin tantos errores con los que cargar. Ojalá esos sueños duraran más, ojalá no dolieran tanto.
Maldigo a cada hora la gota -ínfima e innecesaria- que colmó el vaso y que consiguió que me diese por vencida. Cierto, el rencor pudo conmigo pero más cierto es que estando contigo cualquier pena desaparecía, se ocultaba entre tantas risas sinceras.
Y, lo admito, lo echo de menos, te echo de menos. Mas sé que nada volverá a ser igual.
Maldigo a cada hora la gota -ínfima e innecesaria- que colmó el vaso y que consiguió que me diese por vencida. Cierto, el rencor pudo conmigo pero más cierto es que estando contigo cualquier pena desaparecía, se ocultaba entre tantas risas sinceras.
Y, lo admito, lo echo de menos, te echo de menos. Mas sé que nada volverá a ser igual.
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