jueves, 12 de septiembre de 2013

Recuerdos inexistentes.

Yo, en este instante, me siento el chico más feliz del mundo, gracias a poder estar al lado de la dama más hermosa del mundo. Debo reconocer que estoy muy enamorado. Esa chica con su mirada y su sonrisa lo es todo para mí. Recuerdo el día que le pedí salir conmigo, estaba muy nervioso, recuerdo nuestra primera cita, nuestro primer beso, sus labios frente los míos. Son bellos recuerdos.
Hoy, salimos a pasear por la playa. Me gusta cogerla de la mano, entrelazar mis dedos con los suyos, recordar que está a mi lado y poder sentir su calor. Notamos como el agua del mar, todavía fría en mayo, acaricia nuestros pies descalzos y se hunden en la arena. Ella se acerca más a mí y yo le doy un suave beso en la mejilla. Ella me devuelve una sonrisa, tiene sus ojos clavados en mí. Adoro su sonrisa, es suave y alegre. A estas horas de la noche, serán las ocho u ocho y media, no hay mucha gente por aquí. Especialmente hoy hace frío pero con una fina sudadera se puede estar bien. No entiendo como la gente prefiere estar encerrada en casa más que paseando por estos lugares con la arena y el olor del mar. Acerco mi nariz al cuello de mi chica, lo huelo y le doy un pequeño beso. Suena extraño, pero es que hoy se ha puesto la colonia que le regale por nuestro primer aniversario.
Noto un pinchazo en la muñeca izquierda, como si me clavara algo, pero no le doy importancia. Nos sentamos un poco más lejos del agua, en medio de la nada. Observamos las vistas de la playa y las luces de la ciudad a la derecha. Ella apoya su cabeza en mi hombro y yo le acaricio suavemente la mejilla. Levanta su cabeza hacía la mía para poder besarme, cierro los ojos.
Cuando los vuelvo a abrir veo mi muñeca y finas gotas rojas que salpican sobre el blanco suelo de mi baño. Poco a poco pierdo la conciencia. Mi sueño se desvanece. Nunca pude conocer a mi chica. Estoy en el suelo, veo un gran charco rojo. Lo último en lo que pienso es en su sonrisa. La recuerdo hasta que mis ojos no pueden más y todo desaparece.

Ame demasiado a la nada y ahora muero por su amor.

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