No siempre soy la dueña de mis palabras. A veces, es el efecto contrario. Algunas
nacen y se dan forma ellas solas, y se adueñan de mí.
Son aquellas que no puedo controlar. Que brotan de mi mente y necesito chillar
o plasmar sin pensar en qué o cómo las ordeno.
Son aquellas más sinceras. Las que no se esconden y no tienen miedo a decir la
verdad.
Son, simplemente, palabras libres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario