En nuestros últimos días, las miradas cálidas y duraderas se volvieron frías y los besos sueves, distantes. Nuestro destino estaba escrito en una hoja perdida por el aire. Nos dimos cuenta y no supimos remediarlo.
Ahora temo que nuestras manos no se vuelvan a juntar nunca. Ahora todo me parece tan irreal, como si nunca hubiese empezado, como si nunca hubiese terminado. Sólo queda un pequeño suspiro en medio de un huracán.
Ahora temo que nuestras manos no se vuelvan a juntar nunca. Ahora todo me parece tan irreal, como si nunca hubiese empezado, como si nunca hubiese terminado. Sólo queda un pequeño suspiro en medio de un huracán.
¿Cómo hemos dejado que eso pasará?
No hay comentarios:
Publicar un comentario